Rosa

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Última actualización: 11/05/2014

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EL GRAN VIAJE DE MI VIDA.

Mi llegada a Londres fue algo catastrófica, desastrosa. Supongo que igual que la de todo el mundo que llega por primera vez solo a una ciudad.

El año pasado decidí irme a Londres a aprender el idioma, ya que es tan necesario en nuestra sociedad. Estaba muy emocionada con poder ir allí (desde siempre había querido vivir en Londres, y ahora por fin, con el billete comprado se haría realidad).

La noche en la que salía mi vuelo, me arrepentí de haberme embarcado en esa aventura. ¿Quién me mandaría a mí meterme en esos jaleos? Una vez llegué allí no fue mucho mejor.

Después de estar 24 horas sin dormir, cargada con las maletas, sola en una ciudad que no conocía y en la que no era capaz de hacerme entender con mi nulo inglés, me monté en un autobús. Ay! El señor del autobús!! Yo le preguntaba si iba a Bethnal Green, donde estaba mi apartamento, pero él no me entendía, y me vi en lo peor. Perdida por Londres sin conocer a nadie. El caso es que tuve suerte y fue en esa dirección.

Cuando llegué a los apartamentos, no eran parecidos a las fotos, para variar. La casa tenía más mier** de la que jamás había visto. No os podéis hacer una idea.

Después del cansancio acumulado, mi día no fue a mejor. Mis compañeros, un chico que no salía de su habitación y mi compañera de cuarto, no eran para nada simpáticos. Así que decidí acostarme y descansar un poco, maldiciendo el día en que se me ocurrió ir allí. Me desperté de mi siesta muy pronto, ya que mi querida compañera de habitación se había puesto a fumar marihuana en la habitación con las ventanas cerradas y el calefactor a tope. Creí morir en ese momento.

Me fui a la cocina, encendí el portátil y llamé por Skype a mi familia. Mi madre estaba hecha un manto de lágrimas, y para colmo sale mi roommate y me dice, “oye! No conectes el portátil ni enciendas la luz, que nos queda dinero para mañana”. (Resulta, que en esos apartamentos tenías que meter una tarjeta, en la que según usabas la electricidad iba descontando el dinero, y solo quedaban 0,20 peniques para todo el día). No me lo podía creer. A oscuras, sin internet y sin nadie con quien hablar.

Decidí ir a un supermercado a comprar lo esencial. Me perdí. Di una vuelta de 45 minutos, cuando en realidad se tardaba 6. La cajera, por supuesto no me entendía, y no me quería dejar pagar con tarjeta, porque mi nombre estaba abreviado, y supongo que entendía que era falsa. Movilizó a todo el supermercado, Tesco, hasta que al final, después de preparar una gran cola, decidieron dejarme pagar y marcharme. Aprovechando el tirón, pasé por el metro a sacar mi Oyster Card. Para redondear el día, el señor de detrás de la ventanilla no me entendía, ni yo a él, todo hay que decirlo. Volví a preparar una cola inmensa, en la que la gente en distintos idiomas, supongo que me llamaba de todo.

Gracias a Dios, la suerte empezó a sonreírme, y desde ahí no paró de hacerlo hasta el fin de mi estancia en Londres, 8 semanas. La chica de detrás, era hindú, pero sabía español! Así que me preguntó si necesitaba ayuda, y la miré como al mismísimo rey del mundo! De la que me había salvado esa chica…

Al día siguiente, fui a clase a la academia que tenía contratada, y conocí a una chica que vivía en el mismo edificio de apartamentos que yo. Quedamos para comer y todo fue de maravilla. Ella no tenía compañera de habitación y quería una, y yo necesitaba cambiar de mi ambiente marihuanero, así que fuimos a la recepción y me cambié.

Desde entonces fue increíble. Hice muchísimas amistades, aprendí un montón de inglés, y viví la que seguramente sea la mejor experiencia de mi vida.

No quería terminar mi relato sin agradecer a Ricardo todo su esfuerzo y dedicación por ayudarnos a acomodarnos a nuestra nueva vida en Londres. Sin ti, mi llegada hubiese sido mil veces más catastrófica, de eso estoy segura.

Os animo a todos a que vayáis, conozcáis Londres, que es mágica y disfrutéis de esa maravillosa oportunidad.


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